miércoles, 23 de febrero de 2011

Por fin tengo testigos.

Es gracioso como, la poca gente que lee este blog, no me cree cuando digo que tengo un vecino que coge tan fuerte. No los culpo. Yo tampoco lo hubiese creído. De todos modos acá sigo, en este puto miércoles, dos de la mañana, despierta y dispuesta a acribillar al primero que se me cruce.
Sin embargo, por fin comprobé que no estoy loca: por fin tuve visitas en casa mientras Metralleta hacía su show de fuegos artificiales, y esta vez fue casi gracioso porque la mujer que andaba con Metralleta le gustaba hablar. O mejor dicho, le gustaba gritar chanchadas durante el horario de protección al menor.
Entonces la cosa iba así:

Mordisco de empanada.

-Sí! Así! Cogeme sí! Más fuerte!

Mordisco de empanada.

-Quiero sentirla bien adentro!

Mordisco de empanada.

-Dioooooooos!

Y entonces, para cuando estábamos las tres ya indigestadas, y ellas que me miraban con ojos de huevo frito y yo que no podía parar de reírme, Ale me pregunta:
-No entiendo. ¿Por qué “Metralleta”?
Y me parece que Metralleta tiene sentido del humor, porque en respuesta a mi amiga, empezó a ametrallar a Quiero-sentirla-bien-adentro contra la pared.
“Mierda” me dice, atónita.

Sí, señora. Mierda cómo coge.

domingo, 6 de febrero de 2011

El alcohol no se mezcla.

Viernes, salgo con este Chico simpático que conocí en mi trabajo anterior, a tomar algo. (Simpático siendo la palabra funcional. Como cuando un hombre pregunta “¿está buena?” y el otro responde que es simpática porque en realidad sabe que es bastante fea).

Me digo a mi misma que estoy saliendo con el Chico porque quizás me termina enamorando su personalidad, pero en el fondo sé que es por culpa de Metralleta. Escuchar noche por medio sus gritos de placer exacerban mi necesidad de cariño. Claramente a estas alturas de mi vida, es mejor estar mal acompañada, que sola. Por lo que salgo del depto con una sonrisa amena.

Un par de conversaciones forzadas y unos cuantos tragos después, y por fin me admito a mi misma que esto (definitivamente) no va a funcionar. Que es feo. No hay vodka suficiente que lo niegue.

Tras tal revelación, llego a casa totalmente deprimida, y obviamente me emborracho porque estoy sola… y Metralleta está silencioso, pero lo escucho hablar, y sé que tiene compañía.
Y cuando el vodka ya me sale hasta por las orejas, me encuentro gritándole como una loca desaforada a la pared de mi cuarto: “¡AMIGA PARAAÁ! ¡Para, amiga! ¡Vos podes conseguir algo mucho mejor! ¡Dejala ir, Metralleta! ¡Dejala iiiiir!"

Pero claro que la piba no se va a ir.
¿Quien en su sano juicio abandona un garche así de fuerte?

jueves, 3 de febrero de 2011

Jueves otra vez.

Ok. No funciono. Debí suponerlo.

La posibilidad de que mi vecino leyera en mi blog mi pedido de silencio era una en un millón, así que estar escuchando gemidos este Jueves no me sorprende tanto.

Dios quiera que la tortura acabe pronto.

Acabe... Nunca tan bien usada la expresión.

martes, 1 de febrero de 2011

Nueva casa, nuevo vecino, nuevo sonido sorround.

De nuevo son las 4 de la mañana de un Martes y estoy despierta. Es la quinta noche en dos semanas que no puedo dormir. Perdón. Me corrijo: la quinta noche en dos semanas que me despierta el HIJO DE PUTA de mi vecino que no PARA de COJER a todo volumen.

Y no se que hacer. Ya le golpee un poco la pared para ver si le daba pudor pero creo que le entusiasmó un poco más que alguien lo estuviese oyendo. Enfermo. ENFERMO!

A VER SI DEJAS DE HACER RUIDO HIJO DE PUTAAAAAA
DEJA DE HACER RUIDOOOO
¿No entendes que tu cama está exactamente atrás de la mía. Y que el cabezal de TU cama golpea la pared que también es MI misma pared?
HIJO DE PUTA
MAÑANA MADRUGO YO. TENGO QUE TRABAJAR!

Y no es un golpecito nomas eh. No. Es una orquesta de golpes y gemidos y exclamaciones. Mucho mas de lo que jamas hubiese querido saber acerca de mi vecino.
Vecino que, dicho sea de paso, aparentemente es una maquina sexual que deja a las mujeres (en plural, porque estoy segura de que nunca es la misma) orgiásticamente incrustadas al cabezal...

Y que me despierta.

La vida sexual de mi vecino me quita el sueño.

No un chongo, novio, garche... No.

Mi vecino Metralleta.

Cartón lleno para el patetismo constante que es mi vida.