Es gracioso como, la poca gente que lee este blog, no me cree cuando digo que tengo un vecino que coge tan fuerte. No los culpo. Yo tampoco lo hubiese creído. De todos modos acá sigo, en este puto miércoles, dos de la mañana, despierta y dispuesta a acribillar al primero que se me cruce.
Sin embargo, por fin comprobé que no estoy loca: por fin tuve visitas en casa mientras Metralleta hacía su show de fuegos artificiales, y esta vez fue casi gracioso porque la mujer que andaba con Metralleta le gustaba hablar. O mejor dicho, le gustaba gritar chanchadas durante el horario de protección al menor.
Entonces la cosa iba así:
Mordisco de empanada.
-Sí! Así! Cogeme sí! Más fuerte!
Mordisco de empanada.
-Quiero sentirla bien adentro!
Mordisco de empanada.
-Dioooooooos!
Y entonces, para cuando estábamos las tres ya indigestadas, y ellas que me miraban con ojos de huevo frito y yo que no podía parar de reírme, Ale me pregunta:
-No entiendo. ¿Por qué “Metralleta”?
Y me parece que Metralleta tiene sentido del humor, porque en respuesta a mi amiga, empezó a ametrallar a Quiero-sentirla-bien-adentro contra la pared.
“Mierda” me dice, atónita.
Sí, señora. Mierda cómo coge.
Ale.
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